Eran esos tiernos años 80´s cuando llegó la explosión del videojuego a modo de las míticas maquinitas. En mi caso fue en unos reyes cuando , pese a mi incredulidad, aparecieron en el árbol tres enormes, fastuosas, maravillosas máquinas pequeñitas cada una con un juego distinto. He de considerar, en este punto, la gran suerte de ser tres hermanos varones en casa y que me permitió disfrutar de las tres, aunque cada uno teníamos la nuestra propia.

Mi maquinita era todo chula, en azul celeste (tipo camiseta Celta de Vigo), y una vez encendida, todavía era mucho mejor. Se trataba de un juego sencillo pero superadictivo. El funcionamiento era básico, estabas en una cocina y el cocinero (tenía el típico sombrero y todo) debía de trasladar los platos de una pila a otra. Por el camino iban cayendo más platos de la nada y surgiendo obstáculos, y así una y otra vez hasta acumular puntos y puntos y más puntos. Partida tras partida el objetivo era el mismo pero no dejabas de intentar e intentar superar tus propios récords. Me recuerdo como si fuera ayer, porque la verdad disfruté horas y horas trasladando platos. Lo cierto es que ese año los reyes se portaron y de forma mayúscula.

De las otras dos maquinitas, una era un reloj muy chulo que , aparte de dar la hora como buenamente podía (tecnología ochentera…), tenía un jueguecillo rollo space invaders (el clásico matamarcianitos, vamos) pero con coches o algo así creo recordar . Era de mi hermano mayor y , obviamente, no la dominé tanto como la de los platos. Pero también me gustaba, hay que tener presente que eran mis primeros videojuegos y lo flipaba bastante.

Por último quedaba la de mi hermano mediano (yo soy el pequeño). Era una maquinita roja , chula también, y el juego era similar al de los platos pero con troncos. Tenías un personaje que estaba al principio de la pantalla e iba caminando hasta el otro lado pero saltando entre troncos. El objetivo era llegar al otro lado, sano y salvo. Vamos el clásico juego de «plataformas» en su origen más sencillo y básico. También muy adictivo, aunque claro, me sigo quedando con mis platitos.

En conclusión, fueron mi primer contacto con lo que son los videojuegos y no veas que primer choque me dio en todo el cerebro. Eran geniales, la verdad. Portátiles, fáciles de manejar (tres o 4 botones) y muy, muy adictivas. Ojo que habían más complejas (las míticas del Donkey Kong de doble pantalla), pero claramente me sigo quedando con mi cocinero, cuestión de gustos…

5 comentario sobre «Maquinitas totales»
  1. Que grande este artículo, hace que me acuerde de primera nintendo DS lite. Nada más bonito que el primer contacto con nuestras tecnologías viejunas que nos hicieron disfrutar tantos años gloriosos.
    Ojalá puedas volver a recomprar esa consola de Nintendo para la posteridad.

    1. No era una consola Nintendo ,son anteriores aún. Sólo tenían un juego, es propio de una generación anterior a los computadores tipo spectrum y a las consolas tipo Nintendo. Poeta eres muy joven … Jejej. Saludos.

  2. Buen artículo, que nos hace retroceder en el tiempo, mi memoria me falla no se si son las mismas pero recuerdo maquinitas parecidas como dices de marca blanca pero muy jugables y adictivas.
    Saludos y un disfrute leerte.

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